El imperio japonés

Fujimori es un apellido japonés que ningún peruano debe ignorar, menos aún si vivió en la época en que se estudiaba con velas, cuando los atentados terroristas eran el pan de cada día. En los años 90, el “chino” asumió el poder sorprendiendo a miles de peruanos para quienes era un completo desconocido, que saltó a la fama en el debate político al vapulear con astucia y criollismo a Mario Vargas Llosa.

El “fujimorato” es una etapa de la historia republicana por la cual se dio un giro radical en diversos ámbitos, como lo social, económico, político, cultural… Fue un tiempo polémico porque con medios inaceptables se logró lo que para muchos era imposible: arrinconar al terrorismo y hacer que regrese la paz a muchos peruanos en la capital y en el interior del país. Sesaron las huelgas cotidianas, la hiperinflación desapareció y la economía se empezó a dinamizar y a crecer.

En general, no podemos negar que los años 90 fueron especiales. La autopercepción de millones de peruanos dejó de ser pesimista, volvió el optimismo al mirar el futuro. Sin embargo, este cambio le costó al Perú la ruptura de la institucionalidad y la instauración de una corrupción inaudita a diversis niveles de la sociedad.

Hoy, a falta de uno, hay tres Fujimori que protagonizan el panorama político de la nación. Alberto, Keiko y Kenji tienen un gran poder de convocatoria y mueven multitudes en el país. Este poder de influencia y control que conquistó el “chino” durante la década que estuvo en el poder y que mantuvo en el tiempo que estuvo en prisión, lo comparte ahora con dos de sus hijos, a quienes seguramente veremos presentes en las próximas elecciones presidenciales en el 2021.

Sin especular sobre quién podría tener mejores posibilidades electorales, debemos reconocer que Alberto preparó bien a sus hijos y al país para perpetuar su poder a través de sus herederos. La habilidad de este personaje es incuestionable, pues ha logrado un éxito rotundo en posicionar a dos candidatos hermanos y aparentemente oponentes.

El Perú necesita líderes que sean capaces de hacer más y mejor, más cosas buenas para el país y mejores por estar libres de corrupción. Kenji se está posicionando como un reaccionario, que va contracorriente en la política y dentro de la estructura partidaria y ese mensaje de una conducta “rebelde” es muy apelante en una sociedad cansada de la política tradicional y sus fracasos en la gobernabilidad del país. ¿Será capaz de liderar al Perú?

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