Mea culpa

Una lectura de La República de Platón nos permite encontrar una verdad fundamental para la política que debe aplicarse a la realidad del Perú, el gobierno debe ser de los mejores, no de los más vivos ni de los más pintones, sino de aquellos que por sus cualidades personales y sus actos están mejor preparados para asumir las labores de servidores públicos. Definitivamente, no es una tarea fácil e implica mucho sacrificio y entrega por un fin último que no puede ser simplemente la consecución del poder sino que debe ser el de garantizar el bienestar de los peruanos a través de políticas de desarrollo adecuadas, dentro del marco de la justicia y la equidad social.

En este marco, los que actualmente representan al pueblo en el Congreso, con la labor de legislar y fiscalizar, no son los más idóneos. Los escándalos vividos últimamente en nuestra Patria reflejan que muchos de ellos —no todos— adolecen de los requisitos mínimos para ser un servidor público.

Pensemos en un hecho muy fácil de percibir: cuando una persona busca trabajo —de jefatura, dirección o gerencia, como es el caso equivalente de un congresista— en el mercado laboral tan competitivo que tiene el Perú, debe tener una serie de “credenciales” muy exigentes, como tiempo de experiencia en el puesto requerido, estudios especializados (MBA, maestrías o doctorados) y compite con varios candidatos tan buenos o mejores que uno. Sin embargo, en el Congreso hay parlamentarios que no han terminado los estudios escolares, que no tienen experiencia como servidores públicos, que tienen juicios no resueltos en su contra, que mienten en sus hojas de vida, etc.

Sí, es un escándalo tener ese tipo de representantes. Habla muy mal de esas personas que tienen el descaro de postular a cargos tan importantes para la Nación sin haber el hecho el mínimo esfuerzo por prepararse adecuadamente para ello, sin tener las cualidades, sin tener una hoja de vida impecable…,en fin, sin cumplir con condiciones básicas de mérito para la función pública. Son personas repugnantes que deberían estar en cualquier lugar antes que el Congreso de la República.

Sin embargo, ¿quién los eligió? ¿Cómo llegaron a ocupar un curul en el Congreso? Sí, fuimos nosotros, nosotros los pusimos ahí, sin revisar su hoja de vida, sin saber realmente quiénes eran, sin escuchar sus propuestas —si las tenían—, sin pensar. Irreflexivamente los escogimos entre otros candidatos, irresposablemente les dimos poder y ahora gritamos en las calles “¡que se vayan!”. ¡Qué paradoja! Antes de lanzar diatribas en las calles de nuestra ciudad debemos hacer un mea culpa que nos lleve a nunca más cometer el mismo error, a tener propuestas de acciones concretas y de candidatos competentes.

¡Luchemos por un Perú mejor! Pero desde el propio corazón, desde las propias ideas, desde dentro. No pretendamos que el país cambie si nosotros mismos no damos un golpe de timón y cambiamos nuestra pobre involucración política.

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