Una política del carajo*

La coyuntura local está sobrepasada en estos días con las noticias sobre las declaraciones de Jorge Barata en los interrogatorios a los que ha sido sometido por fiscales peruanos en Sao Paolo. Miles de peruanos se han quedado con los pelos de punta al saber que lo que sospechaba medio mundo es verdad: hay corrupción en los más altos niveles del escenario político nacional. El desconcierto ante la clase política es inmenso.

¿Cuál es el efecto colateral de esta asquerosa corrupción? Bueno, muchos ya no creen en la clase política. Quienes son verdaderamente honestos piensan que ser político es ser corrupto y no piensan arriesgar sus valores en esta profesión. Los millones de electores que tiene el Perú piensan que en los próximos comicios de octubre elegirán a más corruptos, no hay propuestas “sanas”. Parece una situación sin salida.

En esta situación surgen los “mesías”, como Goyo Santos, que critican la corrupción y al gobierno de turno por ser parte de este mal y por su indolencia. Sin embargo, Goyo también parece ser corrupto, por lo menos, tiene voluminosos documentos que prueban su culpabilidad ante el poder judicial peruano. Marco Arana, no está limpio de polvo y paja, basta ver su participación en las violentas protestas mineras en Cajamarca.

¿Quién podrá defendernos? Esta pregunta que muchos recuerdan de los programas cómicos de Chespirito es la que muchos peruanos se hacen. No se ve a ningún actor en el horizonte de la política nacional que pueda desempeñar el papel de héroe que se necesita en este tiempo de crisis. Por lo tanto, o aceptamos la anarquía o hacemos algo para evitarla.

Una propuesta viable y sensata es que cada ciudadano se preocupe por ser honesto y honrado, por alejarse de toda ocasión de corrupción, desde las más pequeñas y cotidianas en el hogar hasta las que se presenten en la vida pública. Ese rechazo a la corrupción coherente es necesario para generar un cambio en la sociedad y para que surja el personaje más idóneo para guiar al país. Si cada uno no pone el hombro, no hay posibilidad de que el país avance en el sentido correcto.

* Esta palabra es usada en la siguiente acepción: “despreciable, enfadoso o molesto”.

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